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27 de junio de 2014

Plaza José Santamarina

Sentada en un banco de la Plaza José Santamarina (calle Uriburu y avenida Colón), la mujer lee con atención el diario Nueva Era. En tanto que más atrás, se observa a un hombre que todas las tardes frecuenta la Plaza para realizar la lectura del mismo diario local.


Foto: Rodrigo Velázquez

4 de junio de 2014

Panadería la Central y casa de la familia Sánchez

Foto: Gonzalo Celasco
Por Arq. Jorge Luchetti

En la esquina de 4 de Abril y Uriburu, se encuentra en pié la afamada panadería La Central. El edificio que data de las primeras décadas del siglo XX, es un claro ejemplo de la arquitectura más popular que reinó en el país. La Casa Chorizo, mote que fue impuesto por la disposición de sus ambientes, -semejante a la riestra del conocido embutido- sin duda fue el modelo propio creado por inmigrantes europeos.

Como es característico en los lotes de esquina para esta tipología, la vivienda se desarrolla en el frente más corto -o sea la calle 4 de abril-, mientras que el resto está destinado a comercio con el inconfundible acceso por la ochava. 



Uno de los detalles más singulares de su fachada, es la desnudez de la misma, dada por el ladrillo visto sin revoque -en este caso simplemente pintado- algo propio en las casas chorizo de provincia. La disposición de este frente, es de composición clásica de líneas italianizantes, de allí que esté formado por un basamento que aparece tibiamente marcado con un par de hiladas destacadas y pintado en una gama más oscura, le sigue un desarrollo sin ningún tipo de aditamento; sólo el ladrillo es el protagonista con salientes verticales que marcan el ritmo de la alzada, y finalmente tiene un remate formado por un clásico cornisamiento y troneras de esas salientes que siguen la forma acompasada del frente. 

La celosía en las ventanas, sumado al trabajo de herrería, y la puerta de acceso de doble hoja con banderola, son privativos de este modelo de vivienda. Una particularidad más, son los respiraderos - pequeñas rejillas generalmente visibles bajo las ventanas - que sirven como ventilación de la cámara de aire y que pasa por debajo del piso de pinotea de los ambientes. 

En Resumen, como decía el arquitecto Estadounidense Louis Kahn, “Un ladrillo quiere ser más de lo que es”, y en La Central el ladrillo es el verdadero protagonista de esta arquitectura.

Foto: Gonzalo Celasco
Panadería La Central, en la esquina de Uriburu y 4 de abril es una de las más antiguas de la ciudad. El edificio construido hace alrededor de 100 años funcionó como panadería bajo la firma Navarrot - Echeverría y posteriormente fue vendida a González. En 1966 fue adquirida por Francisco Sánchez.

Foto: Gonzalo Celasco
El horno de la panadería tiene alrededor de 8 metros de profundidad. En otros tiempos este comercio contó con siete empleados, desde hace 10 años funciona como economía familiar. 

Foto: Gonzalo Celasco
Elaborando el pan. En la imagen se puede observar la amplia cuadra de la panadería la Central, comercio ubicado en el corazón del Barrio de la Estación.

Foto: Gonzalo Celasco
Francisco Sánchez (padre) y Francisco Alejandro Sánchez (hijo) en plena actividad en la cuadra de la antigua panadería del Barrio de la Estación.


Foto: Gonzalo Celasco

Angélica García de Sánchez, maestra rural en el Partido de Juárez desde 1960 hasta 1965 se dedicó a partir de 1966, junto a su esposo y a su suegro, a esta actividad comercial. La galleta de campo, la trincha y las tortas fritas constituyen las especialidades de la casa y son los productos más buscados por los vecinos del barrio y de otros puntos de la ciudad. 

1 de junio de 2014

Panadería La Favorita, peinada a la gomina

Foto: Gonzalo Celasco

Por Arq. Jorge Luchetti

La panadería La Favorita, ubicada en Colón esquina Uriburu, es una construcción de principios del siglo XX. Posee una estructura arquitectónica similar al común de los edificios en esquina que hay en el barrio. 

Los detalles que luce en su exterior, responden a resabios de lo que conocemos como Art Déco o estilo gomina, otro de los tantos nombres que recibió esta tendencia artística. Son referentes de este estilo, los pilares facetados que marcan el sentido ascendente del conjunto -algo también característico del Art Déco- , los cuales a su vez están colocados en forma alternada, marcando un ritmo de simetría en la fachada. 

El acceso por esquina, queda enmarcado por dos de esto pilares que coronan una especie de tímpano con forma de medialuna en lo alto. Además posee una gran visera de hormigón, la cual parece estar flotando en el espacio. ¿Por qué proteger este edificio? Aparte de sus argumentos históricos y su interesante arquitectura; el mismo, forma parte de un conjunto urbano, de una manzana y de un lugar. 

Como reflexión vale agregar un fragmento de Casa tomada de Julio Cortázar: "Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua -hoy que las cosas antiguas sucumben a las más ventajosa liquidación de sus materiales- guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, (...) Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos, se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos...". 

Evitemos que esto suceda con la arquitectura del Barrio de la Estación.

El histórico granitullo de la Avenida Colón

Foto: Gonzalo Celasco

Según datos proporcionados por los historiadores Hugo Mengascini y Hugo Nario, en 1893 se iniciaba la obra de adoquinado de la avenida Colón (hasta 1892 denominada avenida Nordeste). Se trataba de adoquines rectangulares (bloques de 20 cm de largo por unos 15 cm de ancho), bastante desparejos. A lo largo de cada cuadra, desde la barrera hasta el cruce con la avenida España, se construyó un bulevar enarenado que lucía bancos con armazón de hierro y maderas, que compartían el respaldo y sus asientos miraban uno para cada lado de la calle.

En 1936, la avenida Colón cambió su fisonomía, los copiosos árboles que -alineados a uno y otro lado de la rambla ofrecían generosamente su sombra al viandante- cayeron heridos por el filo de las hachas. Por otro lado, el pavimento de adoquines fue reemplazado por bloques de granitullo (de unos 10 por 10 cm y 7 o 9 cm de espesor) de superficie más suave y pareja, en tanto que los bellos bulevares fueron sustituidos por escuetos refugios acordonados con granito y exiguas veredas de mosaico de un rojo turbio que contrastaba con el oro pálido de las columnas del alumbrado eléctrico, y que con sus tres globos tomaban la forma de una cruz. 

En la imagen registrada por Gonzalo Celasco, se puede observar el pavimento de granitullo dispuesto en forma de abanico por los artesanos de la piedra durante los años treinta.